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Posted: August 20

Entre Epulón y Lázaro: un testimonio desde la "frontera"

Carta a la Asamblea de la Red Jesuita Indígena de Latín América*

Santa María de Nieva, 15 Agosto 2008

Queridos compañeros:

Ya que no he podido darles la bienvenida aquí en Santa María de Nieva como habíamos propuesto y esperábamos con ilusión, permítanme unos minutos para saludarles y, al menos, participar en la asamblea con esta comunicación escrita desde mi propia experiencia que hubiera querido compartir con ustedes personalmente.

Con lo que acaba de sucedernos confirmo mi opinión de que la selva es uno de los lugares en que con más intensidad y frecuencia se experimenta nuestra condición de hombres que proponemos pero no disponemos. Aquí he ido aprendiendo que nuestros planes y programamos no siempre coinciden, aunque nos lo creamos a priori, con lo que Dios va a disponer. Una serie de circunstancias tantas veces impredecibles nos hacen desprogramar lo programado y aventurarnos por trochas nuevas que después vienen a resultar más rápidas y eficaces y terminan llevándonos al mismo Dios que nos estaba esperando sonriendo donde no nos lo habíamos imaginado.

La propuesta que vino a hacernos Xel para proponernos como sede de la Asamblea de este año, nos pareció algo providencial y una ocasión única para conocernos y compartir experiencias jesuitas que vivimos bastante solitarios y alejados unos de otros.

Ese feliz sueño de un encuentro comunitario con compañeros entregados a la misma misión evangelizadora en distintos pueblos indígenas, no pude hacerlo realidad. El que dispone tenía programada para mí otra experiencia de signo contrario en unas dimensiones inusitadas: nunca me he encontrado ni más solo ni más distante e incomunicado de mis compañeros jesuitas que durante los días previos y primeros del Paro Indefinido comenzado oficialmente el sábado día 9 de Agosto y todavía “sin definir”.

Sin embargo me he sentido muy unido en el mismo Espíritu común a todos que actuaba en ustedes y en el pueblo awajum-wampis y también de alguna manera en mí mismo durante estos días tan agitados.

Confieso que cuando llegué a Santa María de Nieva hace 15 años en respuesta a una solicitud del P. Provincial del Perú para un servicio de uno o dos años como párroco de Santa María de Nieva, venía con el deseo sincero de dar a conocer el evangelio a unos hombre desconocidos para mí que suponía lo ignoraban.

En mis primeros años comencé a descubrir que yo estaba siendo más evangelizado que evangelizador, más receptor que emisor del evangelio, que yo necesitaba más de ellos para conocer y vivir el evangelio, que ellos de mí. Disponía, por supuesto, de muchísimos conceptos, palabras, experiencias y conocimientos fruto de mis lecturas y experiencias compartidas con hombres y mujeres de mi misma cultura y manera de entender y explicar la fe. Pero todo ese bagaje de conceptos, ritos y normas ¿son la más genuina expresión de la fe que Jesús alabó tantas veces en hombres y mujeres paganos/as que no frecuentaban el templo ni conocían la Biblia? Disculpen el tono retórico de la pregunta.

Se me ocurre recurrir a la parábola de Epulón y Lázaro para explicarles algo de mi aprendizaje más reciente del evangelio aquí en Condorcanqui que está viviendo ahora apasionadamente su condición de ser frontera en carne viva no entre dos países (Perú-Ecuador) sino entre dos modos de vivir y entender la vida que dividen y separan mucho más profunda y conflictivamente los pueblos más pobres de los Estados y poderes más ricos del mundo.

Aquí me encuentro como entre Epulón y Lázaro redivivos en esta frontera parabólica que separa a todos los Lázaros de sus Epulones, los primeros aquí en estos momentos dentro de la Selva y los segundos fuera de ella. La parábola de Lucas se está actualizando y tomando cuerpo entre nosotros con algunas significativas variantes en sus dos personajes principales.

Epulón no se limita a comer y comer indiferente ante la miseria de Lázaro que sólo conmueve a los perros. El Epulón de nuestra parábola tiene además el cinismo de hablar con Lázaro y decirle que le quiere mucho y que está buscando su desarrollo y, todavía más, le quiere arrebatar y le arrebata, sin pedirle permiso previamente, su tierra, el suelo en que se acuesta que es su única propiedad y se la vende a un empresario extranjero para que la haga rendir más en beneficio -dice- de él mismo para que en adelante dentro de unos años se vea libre de toda su miseria viviendo como una persona civilizada...

Por otra parte el Lázaro de nuestra parábola no es un pobre, como el de Lucas, que se resigna a soportar, hasta que Abraham lo llame a su seno, esa situación de miseria y hambre junto a ese Epulón incansable comedor y engañoso discurseador. Por el contrario, este Lázaro de ahora mismo se levanta enérgicamente del suelo y dice: ¡Basta ya! Y empuña su lanza para defender su tierra, su dignidad y la de todos los demás miserables que sólo tienen la tierra como única posesión, y grita con ellos “la tierra no se vende” y “el pueblo unido jamás será vencido”, como estamos escuchando diariamente de ellos mismos.

En esta frontera lo evangélico no puede ser cruzarse de brazos y dejar que los dos personajes actúen para contemplar el desenlace desde afuera y entrar en el ruedo cuando uno de los dos venza al otro y vuelvan las aguas a su cauce o lo desborden.

Así he llegado a tener como una visión –que a algunos puede parecer blasfema-. Vi a Jesús levantando su látigo-lanza no contra las personas sino contra aquel sistema y cualquiera otro semejante que genera “cuevas de ladrones”. Y he descubierto también en Lázaro que su hambre más poderosa no era el hambre del pan de Epulón sino el hambre y sed de justicia, con lo cual estos lázaros lanceros de nuestras comunidades indígenas se convierten en doblemente bienaventurados por ser pobres de verdad y por tener hambre y sed de justicia y, acaso también lo sean por un tercer motivo si , además, por todo esto, sufren persecución por parte de aquellos a quienes les parece muy bien que Epulón siga comiendo y Lázaro sufriendo como siempre hemos visto.

Estando así las cosas ¿habrá que esperar a que se hagan estudios científicos rigurosos que nos convenzan de que la política del Epulón es la más rentable y con más futuro que la política del que defiende su tierra y sus derechos y desprecia las grandes riquezas que pueda obtener con su venta porque valora la naturaleza que Dios nos entregó como el mayor tesoro y fuente de recursos? Y el tal Lázaro sabe con claridad, aunque no haya estudiado tanto en libros escritos en castellano, que la riqueza no es ningún Dios al que tenga que someterse el hombre, sino que el hombre, su dignidad, su cultura, su tierra, su familia, su futuro es lo primero que debemos servir.

Todo esto estoy aprendiendo de mis hermanos awajun y wampis que aterran a muchos con sus lanzas y gritos tan extraños a su cultura de educados modales, pero ellos no están contra nadie sino contra el Estado (así dicen y repiten constantemente), contra este estado de cosas en el que nadie cuenta con ellos o sólo cuentan para despreciarlos, insultarle, robarles y tacharles de ignorantes, insociables y salvajes. Pero ellos no buscan la guerra para matar y robar las riquezas del vencido. Ellos quieren luchar contra la situación que consideran con fundamentos –no por caprichos- ilegal e injusta y que, a pesar de ello, se quiere afianzar con nuevas leyes que no buscan el mayor bien del ciudadano sino, parecer ser, de los grandes inversores que quieren apropiarse de todas sus tierras indígenas subsolares en el doble posible sentido del adjetivo: subsolares bajo el suelo (como el petróleo) y subsolares bajo el sol (como los bosques).

Yo siento mucho no haber podido participar en esa Asamblea, os envidio y deseo lo mejor, pero a mí me ha tocado en suerte vivir más de cerca estos días los problemas y luchas de nuestro pueblo y creo que debo decir, a quienes no han tenido esta oportunidad , que, aunque vuelva a incidir de nuevo en blasfemia, Dios anda entre ellos gritándonos que es preciso respetar sus derechos y cumplir las leyes justas establecidas, y también con ellos está Jesús, el del Evangelio, hablando de paz, sí, pero también empuñando a su debido tiempo el látigo. Ya desde muy antiguo decía un adagio latino de origen no necesariamente cristiano: “Vox populi, vox Dei”, es decir que Dios habla por el pueblo. Pues Dios está muchísimo más cerca de Lázaro y de todos los lázaros de todos los tiempos y lugares que del Epulón de Lucas y todas sus nuevas ediciones. Esto último si tiene raíces muy evangélicas. Y yo pienso que nosotros misioneros e Iglesia presente en este país tampoco podemos dudar de la opción por los pobres, tantas veces proclamada solemnemente por escrito y últimamente en Aparecida...

Algunos se rasgan las vestiduras al ver a los awajun y wampis con lanzas en las manos dando gritos guerreros y dicen: “eso no puede ser cristiano”. Acaso dirán lo mismo de Jesús gritando en el templo. Y quienes han rezado ante la imagen del Apóstol Santiago con la espada desenvainada dispuesta a matar hombres, se escandalizan ante esas lanzas que son expresiones culturales de su lucha contra el mal, la injusticia, la discriminación, el robo y la corrupción.

Disculpen si por momentos parece que levanto mi lanza contra alguien. Ningún dirigente, ni ningún extranjero, ni ningún político de la oposición, ni ningún abogado de extrema izquierda, ni nadie ajeno al pueblo ha deseado y promovido este paro. Ha sido el “pueblo unido” quien lo ha decidido y votado. Los dirigentes tienen que acatar y obedecer al pueblo, a la comunidad que lo ha elegido y enviado a cumplir lo acordado democráticamente en Asamblea. Este es el estilo político democrático de nuestras comunidades indígenas desde mucho antes que se pronunciase aquí en América la palabra democracia. Muchos, sobrecargados de prejuicios desde su infancia, son incapaces de comprender que los indígenas tienen alma y son personas y personas que piensan y que aman y que saben tomar decisiones sin necesidad de que vengan extranjeros, ONGs, misioneros, políticos, terroristas, narcotraficantes a pensar por ellos y dirigirlos como carne de cañón al servicio de supuestos turbios intereses desestabilizadores y antipatrióticos.

Personalmente he lamentado y lamento, por causas ajenas a mi voluntad, no poder participar, como en los últimos Paros Indefinidos más cerca del pueblo acompañándolo en sus marchas. Los médicos me han prohibido caminar y me han colocado ignacianamente con la pierna derecha en posición de reposo hasta que la herida que me acompaña ya varias semanas no se despida. Poco puedo hacer pero sí puedo dejar hacer, colaborar cediendo locales como el salón parroquial donde se reúne el Comité de lucha, prestando alojamiento, bajando información de prensa por Internet, corrigiendo redacción de pronunciamientos y otros escritos ( y también ortografía como, por ejemplo, anteponer una “h” a una “a” seguida de participio), multicopiando documentos a repartir, permaneciendo quieto como San Ignacio herido recibiendo a cualquiera que sabe que no me muevo ni puedo moverme no sé por cuántos días todavía y recordando siempre que el adjetivo “pacífico” ha de ir siempre unido a l sustantivo” paro”.y a todo lo que decidan.

No sé cómo terminará todo esto, pero a pesar de tantos fallos humanos como ha habido y seguirá habiendo, pienso que los awajun-wampis han dado un ejemplo a la nación de unión, de valentía, de verdad, de capacidad de sufrimiento y abnegación, de voluntad de respetar a las personas y las vidas de todos como hicieron, por ejemplo, especialmente con los 41 policías que les atacaron en la Estación 6 de Petroperú y fueron reducidos y desarmados por los cientos de indígenas que controlaban y siguen allí controlando el oleoducto a la espera de un diálogo sincero y eficaz...

Les envío un saludo en nombre de todos los que, por la misma razón que yo, no han podido participar como esperaban hacerlo si la Asamblea se hubiera celebrado aquí. Todos los “excluidos” de Sta María de Nieva que ustedes no han tenido la posibilidad de conocer, les deseamos lo mejor para esta Asamblea de la que esperamos ser bien informados.

Pedimos al Señor por todos ustedes y todos los pueblos indígenas con quienes trabajan. Que tengan un feliz retorno a sus casas y misiones.

Un abrazo cordial con un poco de pena por no haberles conocido y tratado.

Fermín Rodríguez Campoamor SJ
Parroco de Santa Maria de Nieva
Condorcanqui, Amazonas
Peru

*La Red agrupa a jesuitas y personas laicas que acompañan a pueblos indígenas en América Latina. Se reine normalmente cada dos anos. Debido a las circunstancias relatadas en la carta, le reunión tuvo que celebrarse en Jaén, a seis horas de Santa Maria de Nieva.



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