The Social Justice and Ecology Secretariat of the Jesuit Curia in Rome

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TESTIMONIOS ANTERIORES:


 
Esperanza en medio de la desilusión
(Dec-2018) 
 

Creciendo en la fe, trabajando por la justicia
(Nov-2018) 
 

Transformando las vidas de los Adivasis en Assam a través de la Gana Chetana Samaj
(Oct-2018) 
 

Mi compromiso social en el Centro de Estudios para la Acción Social (CEPAS) en la República Democrát
(Sep-2018) 
 

El poder de las buenas opciones
(Jul-2018) 
 

Un camino no esperado, pero si soñado.
(Jun-2018) 
 

Discurso del Padre General a los delegados sociales y líderes de las GIAN
(May-2018) 
 

Acompañar a trabajadores migrantes en situación de necesidad
(Apr-2018) 
 

Feliz de participar en el esfuerzo...
(Mar-2018) 
 

Dos obras, un solo espíritu
(Feb-2018) 
 

 

Archivio de testimonios

 

Testimonios


   
Esperanza en medio de la desilusión
(Dec-2018) 

Anold Moyo SJ

Mi deseo de involucrarme en la justicia social surgió del contexto socialmente desafiante en el que me encontré durante mis estudios de filosofía en el Arrupe College, en Harare, donde estuve de 2006 a 2010. En aquellos años, Zimbabwe se hundió jasta su más bajo nivel político y económico. La intolerancia del partido gobernante hacia los simpatizantes de los partidos de oposición se estaba intensificando y la violencia política era contante. Económicamente, el país estaba experimentando una hiperinflación fuera de control que estableció un nuevo récord mundial. Había escasez de los productos básicos en las tiendas; y cuando estaban disponibles, sus precios simplemente impedían que la mayoría de la gente pobre accediera a ellos, dado que muchos de ellos se habían quedado sin trabajo por el cierre de empresas. La pobreza prosperaba. En Arrupe College, sin embargo, la situación era un poco diferente. Aunque ciertamente nos afectaba la situación económica nacional, estábamos relativamente aislados del daño que le hacía a la mayoría. Si bien nosotros teníamos acceso a la mayor parte de lo que necesitábamos, muchas personas comunes y corrientes permanecían atrapadas en la pobreza.

Me encontré atrapado entre dos mundos diferentes. Fue una situación que generó cierto dilema espiritual dentro de mí, donde la vida que yo vivía en común con los demás no parecía dar fe del contexto social en el que todos estábamos. Me surgió un fuerte deseo de ofrecer mi propia respuesta a la situación social en el país. Sin embargo, me encontré incapacitado para satisfacer este deseo. Fue entonces cuando se me ocurrió que lo mejor que yo podía hacer en ese momento era equiparme con las herramientas intelectuales necesarias para poder entender la situación social de una manera más crítica y sistemática. Por lo tanto, me interesé por los cursos y asignaturas optativas que eran relevantes para alcanzar dicho fin. Al mismo tiempo, comencé a imaginarme a mí mismo como aportando esa respuesta que tanto deseaba ofrecer en forma de la defensa y promoción de la justicia social y el trabajo de desarrollo para mi magisterio. Intenté moldear mi experiencia académica de una manera que me preparara para lo que yo pensé que podría ser mi vocación dentro de la Compañía y, más inmediatamente, para lo que yo esperaba que fuera mi apostolado durante el magisterio.

Comencé mi magisterio en julio de 2010 y trabajaba en el Centro Jesuita para la Reflexión Teológica (JCTR, por sus siglas en inglés), una organización de la Provincia Zambia-Malawi. El JCTR está involucrado en investigación, educación, defensa y consultoría en asuntos de justicia económica, social y política. La Congregación General 32 definió nuestra misión actual como la de "un servicio de fe y de promoción de la justicia", una concepción que ha sido afirmada por todas las congregaciones generales subsiguientes. Mi magisterio me dio la oportunidad de participar de una manera más directa en esta misión.

Hoy, sigo contribuyendo en mi calidad de Director del Centro Jesuita de Justicia Social y Desarrollo de la Casa Silveira, en Harare. La Casa Silveira se fundó en 1964 con el fin de promover la justicia social por medio de programas y actividades que promuevan el desarrollo comunitario, la construcción de la paz, y las leyes y disposiciones justas que promueven el desarrollo local y nacional; y además por medio de la capacitaciónpara habilidades o destrezas técnicas, vocacionales y empresariales de hombres y mujeres jóvenes como un medio de proporcionarles empleo y fuentes de sustento.

¿Por qué es que hay suficiente comida para todos en el mundo y sin embargo tanta gente pasa hambre? ¿Cómo es posible que tengamos tantos recursos, y sin embargo tantos vivan en semejante pobreza? ¿Cómo es que hay tanto trabajo por hacer y, sin embargo, hay pocas oportunidades de empleo? ¿Por qué los líderes políticos no se conmueven por la pobreza que ven a su alrededor? ¿Cómo pueden ellos ser desafiados a tener intereses más amplios en lugar de los intereses estrechos a los que sirven? Estas son algunas de las muchas preguntas sobre las que reflexiono. Estas preguntas, así de sencillas, son claves para el trabajo que yo hago. Mi trabajo en la Casa Silveira durante el último año y medio lo he dedicado a tratar de remediar lo poco que puedo de las desigualdades que se extienden por todo este país.

La desilusión se establece debido al lento progreso del cambio que experimentamos. Es desalentador lidiar con líderes políticos intransigentes que tienen el poder de cambiar ciertas políticas y de ayudar a mejorar la vida de las personas, pero que carecen de la voluntad para hacerlo. Ocasionalmente, yo dudo del impacto real de nuestro trabajo y del trabajo de organizaciones similares, especialmente al considerar el esfuerzo que todos hacemos y los millones de dólares que se gastan cada año en trabajo de desarrollo.

Encuentros tan cercanos con el poder político, el verdadero poder en el cual reside la capacidad de producir el cambio necesario, mas sin embargo un poder resistente a hacerlo frente al sufrimiento humano, impactan la vida interior de una persona y reconfiguran ciertas creencias de fe, como a veces lo hacen en mí. Pero la esperanza triunfa sobre los desencantos presentes. Las pequeñas victorias forjadas por nuestros proyectos brindan esa chispa de esperanza: como cuando las familias pueden enviar a sus hijos a la escuela, comprar medicamentos y reparar sus humildes casas como resultado de los proyectos generadores de ingresos que les habríamos ayudado a comenzar. Esto me ayuda a ver el valor de nuestro trabajo y me da la fortaleza para continuar.