The Social Justice and Ecology Secretariat of the Jesuit Curia in Rome

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TESTIMONIOS ANTERIORES:


 
Las cosas que he aprendido de las personas y comunidades marginadas
(Mar-2019) 
 

Cruzar las fronteras con esperanza
(Feb-2019) 
 

Un viaje con los pobres y los marginados
(Jan-2019) 
 

Esperanza en medio de la desilusión
(Dec-2018) 
 

Creciendo en la fe, trabajando por la justicia
(Nov-2018) 
 

Transformando las vidas de los Adivasis en Assam a través de la Gana Chetana Samaj
(Oct-2018) 
 

Mi compromiso social en el Centro de Estudios para la Acción Social (CEPAS) en la República Democrát
(Sep-2018) 
 

El poder de las buenas opciones
(Jul-2018) 
 

Un camino no esperado, pero si soñado.
(Jun-2018) 
 

Discurso del Padre General a los delegados sociales y líderes de las GIAN
(May-2018) 
 

 

Archivio de testimonios

 

Testimonios


   
Las cosas que he aprendido de las personas y comunidades marginadas
(Mar-2019) 

Valeria Méndez de Vigo

Secretariado de Justicia Social y Ecología

Mi trabajo en cooperación al desarrollo comenzó hace ya más de 20 años. Sin embargo, anteriormente, había desarrollado labores de voluntariado que me habían permitido experimentar lo que llamo "encuentros" con realidades y personas que sufren pobreza y exclusión. Recuerdo que hace ya más muchos años, fui un verano a la India a colaborar con el trabajo allí de las Misioneras de la Caridad. Aquella experiencia me aportó tanto que volví a repetirla durante cinco veranos consecutivos, combinándola con otras en Madrid. Fui experimentando un proceso de acercamiento a la realidad de las personas pobres y marginadas que me transformó. No de manera quizás muy visible ni dramática, pero estas experiencias cambiaron mi vida y mi profesión, pasando de ser abogada en un bufete de derecho mercantil a integrarme en una organización de cooperación al desarrollo.

Aprendí muchas cosas de las personas pobres y marginadas, confirmadas después a lo largo de los años. Una primera lección puede parecer una paradoja. La gente pobre y marginada, a veces analfabeta, tiene una sabiduría muy profunda. No es una sabiduría académica, de conocimientos o cultivada, pero si enraizada, vital, esencial. En clave creyente, podríamos señalar que, como se dice en el Evangelio de San Mateo, las cosas que para los sabios y entendidos están escondidas, Dios se las revela a la gente sencilla. La comprensión del proyecto de Dios- el amor de Dios que se transforma en amor al prójimo- manifestada en las palabras y acciones de Jesús se revela de manera privilegiada a los sencillos, a los que teóricamente no saben, a los que el mundo desprecia..... Eso es algo que he visto en numerosas ocasiones y que se manifiesta en la solidaridad y ayuda que brindan las personas y comunidades marginadas. Esa sabiduría se muestra también en la manera en que solucionan sus asuntos y dificultades de modo extraordinariamente creativo.

La segunda intuición o lección que aprendí fue la enorme fortaleza y capacidad de resiliencia de las personas y comunidades marginadas. He estado en aldeas remotas pobrísimas de Asia o América Latina, en la India tras el terremoto del Gujerat o el tsunami, y he podido ver la capacidad de lucha, la enorme resiliencia de la gente que es capaz de afrontar la adversidad en condiciones muy extremas. Es un grito de dignidad, es la vida misma que se abre paso, a pesar de todo, y que vence a la muerte.

La tercera lección conecta con las dos anteriores. Lo que aprendí también, en una clave más personal, es que es en las fronteras del mundo, cuando salimos al encuentro de las personas que sufren, cuando más conectamos con nosotros mismos, con lo más profundo, lo más íntimo lo mejor de nosotros mismos. Me gusta pensar que conectamos con aquello para lo que hemos sido llamados. Y es importante conectar lo que sucede en nuestro mundo interior con el mundo exterior, con nuestra propia interpretación del mundo- interpelada por estos encuentros- y con la defensa de los derechos, tantas veces vulnerados, de las personas y comunidades marginadas.

La cuarta cosa que he aprendido me la ha dado la experiencia de trabajo propiamente dicha de más de 20 años en diversas instituciones, los últimos doce, en organizaciones jesuitas, más recientemente en el Secretariado de Justicia Social y Ecología. Es la convicción profunda de que trabajar por la justicia requiere una respuesta integral. La transformación social requiere la acción directa, pero para trascender lo local, es preciso un trabajo más estructural. Para ello, hay que fomentar el análisis y el discurso sobre las causas que generan la pobreza, la desigualdad y la exclusión de millones de personas en el mundo desde la perspectiva de las propias personas y comunidades marginadas; globalizar la solidaridad y las causas justas, universalizar la lucha por los derechos e incidir en el ámbito de lo público para generar cambios estructurales y sostenibles. Y son las propias personas y comunidades marginadas las que deben orientar nuestra acción.