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(21/06) Fiesta/Memoriale/Temporada de:


San Luis Gonzaga

Luis Gonzaga (Luigi Gonzaga, 1568-1591) renunció a una vida de privilegios y a una situación principesca para abrazar los votos de la vida religiosa, hasta el punto de contraer la peste debido a su dedicación abnegada a los enfermos que la padecían. Era el hijo mayor del Marqués de Castiglione, y heredero del título familiar. Los Gonzaga eras famosos como protectores de los artistas del renacimiento y eran cabeza suprema de un verdadero reino. Luis Gonzaga, como era propio de su rango, vestía armadura y marchaba junto a su padre cuando éste pasaba revista a las tropas. Su vida comenzó a cambiar cuando contrajo la malaria y padeció accesos de fiebre. A la temprana edad de siete años se sentía atraído por la oración y se apartaba de la vida de corte que le rodeaba, A los nueve años, junto con su hermano, fue enviado a Florencia para comenzar su educación como príncipe, en la corte del gran duque Francisco de Medicis, gran amigo de su padre. La corte de los Médicis era una de las más grandiosas y opulentas de Europa, a la vez que estaba llena de intrigas, engaños, sexo y violencia. El joven Gonzaga tomó distancia de ese mundo, reafirmándose en su deseo de no ofender jamás a Dios con el pecado. En el mes de noviembre de 1579 se trasladó a Mantua, para vivir en la mansión del duque, pariente suyo; en aquella casa descubrió un libro de breves vidas de santos. Comenzó como ellos a rezar a diario los salmos, y más tarde comenzó a meditar, al descubrir un libro escrito por el jesuita Pedro Canisio. Sus prácticas de piedad consistían en la Misa diaria, comunión semanal y ayuno tres días por semana.
 
En 1582 el joven heredero acompañó a María de Austria, hija de Carlos V, en su viaje a Madrid. Allí pasó a ser paje de acompañamiento del príncipe de Asturias, heredero del trono, y le hicieron caballero de la Orden de Santiago. Pero cuanto más ascendía en la escala social, sus pensamientos le instaban con más fuerza a hacerse jesuita, como lo era su confesor de Madrid. El 15 de agosto de 1583 tuvo una experiencia en la oración que confirmó su decisión. Cuando se lo dijo a su confesor, éste le repuso que debería tener permiso de su padre. El marqués se lleno de rabia al escuchar que su heredero quería renunciar a todo lo que con tanto cuidado había preparado para él. La familia entera volvió a Castiglione y el marqués mandó a sus hijos a una gira por las cortes de Italia, en la esperanza de que la experiencia de un modo de vida tan refinado cambiaría la actitud de su hijo y suavizaría las tensas relaciones que ahora existían entre dos personas obstinadas como ellos.
 
La determinación del hijo fue más fuerte y padre terminó por dar su consentimiento. En el mes de noviembre de 1585 Luis renunciaba a su herencia a favor de su hermano Rodolfo y se puso en camino para Roma donde se presentó al superior general, Claudio Acquaviva, que le admitió en el noviciado de San Andrés.
 
A pesar de que el nuevo novicio no tenía aún 18 años, su preparación le hacía muy maduro, y el noviciado le pareció menos riguroso que la vida que venía llevando por propia decisión. Con todo observaba con gran obediencia las normas del noviciado y los consejos del maestro de novicios. Se matriculó en el Colegio Romano para acabar los estudios de filosofía antes de emitir los primeros votos. Inmediatamente después comenzó la teología. En 1589 volvió a Castiglione para negociar la paz entre su hermano y el duque de Mantua. En mayo de 1590 volvía a Roma.
 
Al año siguiente Italia fue azotada por una ola de peste y hambre y Gonzaga se lanzó a ocuparse de las víctimas de la plaga. Se puso a pedir limosna para los enfermos y transportaba físicamente al hospital a los que encontraba por las calles. Allí los lavaba, les daba de comer y los preparaba para los sacramentos. Confesó a su director espiritual, Roberto Bellarmino (que en el futuro llegaría a ser reconocido como santo), que había tenido el presentimiento de que moriría pronto.
 
Eran tantos los jóvenes jesuitas que caían enfermos, que el superior prohibió a Gonzaga volver al hospital. Gonzaga logró que le diera permiso para trabajar en el hospital de Nuestra Señora de la Consolación, que no trataba enfermos contagiosos. Comenzó frecuentarlo, pero contrajo la enfermedad cuando cuidaba a un hombre enfermo de peste. Cayó en cama el 3 de marzo de 1591, su enfermedad primero se agravó y luego pareció mejorar un poco. Pero no llegó a recuperar del todo la salud. No le abandonaban ni la fiebre ni la tos, pero él resistía. Sintiendo que iba a morir pidió recibir la comunión. Dos jesuitas que le velaban de noche vieron como le cambiaba el rostro cuando se abrazó a una cruz y dijo el nombre de Jesús. Tenía sólo 23 años cuando murió. Su cuerpo se conserva hasta hoy en la iglesia de San Ignacio de Roma.
 

Originalmente compilado y editado por: Tom Rochford, SJ
Traducción: Luis López-Yarto, SJ


 
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