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    Cp70-4 10 de julio del 2012

    Desde Nairobi

    Comunicado n. 4

     La jornada de hoy ha comenzado con la elección del secretario de la Congregación. Ha sido elegido el Padre Francisco Javier Álvarez de los Mozos, procurador de la Provincia de Loyola. A continuación, y por mayoría absoluta, la Congregación ha decidido que la votación sobre la convocatoria o no de la Congregación General se realizará el 13 o el 14.

    El momento clave de la jornada ha sido el discurso del Padre Generale sobre el De statu Societatis, es decir, sobre la situación de la Compañía de Jesús hoy en términos de fidelidad a nuestro Instituto. El De statu "es un instrumento al servicio del discernimiento: como sucede con el Examen, su objetivo es hacernos ver, desde la perspectiva de nuestra vocación original y desde el Instituto de la Compañía, qué desea el Señor que seamos y hagamos hoy para su mayor gloria y servicio de su pueblo". Esta relación "no es fruto solamente de mi experiencia y de mi análisis a lo largo de estos cuatro años como General, sino, sobre todo, de los importantes informes de las Congregaciones Provinciales y de las relaciones tan ricas y útiles que me han enviado ustedes como Procuradores".

    El discurso pasa a continuación a examinar, punto por punto, las ejecuciones pedidas por la Congregación General 35, y en particular: 1) la llamada de la Compañía a una mayor universalidad; 2) el gobierno, y en concreto el nombramiento de una comisión que ha iniciado un proceso de reflexión sobre las Provincias y su reestructuración; 3) el gobierno central de la Compañía, especialmente con las reestructuración de los Secretariados; 4) la misión, como respuesta a la invitación del Papa para ir a las "fronteras".

    A continuación, el Padre Nicolás ha afrontado algunos sectores que considera importantes, y son, "nuestra vida en el Espíritu, nuestro dinamismo apostólico, nuestro vivir juntos en comunidad, la promoción vocacional y la formación, nuestras relaciones con la Iglesia y finalmente una palabra sobre la creatividad en la Compañía".

    En la imposibilidad de examinar con exhaustividad este discurso tan rico y de tan amplias perspectivas, llamamos la atención sobre algunos puntos específicos. Con respecto a la vida en el Espíritu, y tras haber señalado que "la clave para determinar la salud espiritual de la Compañía es saber si los jesuitas siguen poseyendo la capacidad de dárselo absolutamente todo al Señor, como hizo San Ignacio y tantos otros compañeros tras él hasta el día presente", el Padre General señala cuatro áreas que exigen mayor atención: la dificultad de encontrar directores espirituales; el peligro de los valores mundanos, secularizados, que penetran en nuestra mentalidad; la capacidad de ser transformados e integrados por nuestra espiritualidad; el apego desordenado al trabajo y a las obras.

    Con respecto al dinamismo apostólico ha puesto el acento en el sector educativo y en tres dimensiones características de nuestro trabajo apostólico hoy, y que son, el servicio de los pobres, la colaboración con los otros y las redes apostólicas entre Provincias, en las Conferencias y entre Conferencias. Entre los desafíos en este campo, el discurso se refiere a la redefinición del discernimiento, a la formación de líderes, al desarrollo y a la profundización de la colaboración entre jesuitas y entre éstos y los colaboradores laicos.

    Con respecto a la vida de comunidad, y tras haber subrayado que "la imagen de conjunto del estado de la vida comunitaria es positiva", no deja de señalar algunas sombras que se manifiestan en la actitud de individualismo, expresado, por ejemplo, en la falta de transparencia económica y de dependencia, en una excesiva atención a los nuevos medios de comunicación electrónica, en las tensiones entre generaciones y en las diferencias étnicas, tribales o raciales. Con el fin de aclarar estas sombras, sugiere a su vez algunos desafíos para la vida comunitaria de hoy.

    Más articulada y amplia es la sección dedicada a la promoción de las vocaciones y a la formación, donde el Padre General subraya una serie de aspectos en los que podemos mejorar nuestra acción.

    El sentire cum Ecclesia, esto es, nuestra relación con la Iglesia, es "una dimensión de nuestra vida esencial en la visión que Ignacio tiene de la Compañía". Tras haber recordado la Fórmula del Instituto y el discurso de Benedicto XVI a los miembros de la Congregación General 35ª, concluye que "estamos llamados a hacer más profunda nuestra responsabilidad pastoral en los diferentes contextos culturales y eclesiales en los que trabajamos".

    Por último, la creatividad en la Compañía encuentra su proyección en la perspectiva de la celebración del segundo centenario de la restauración de la Compañía en el 2014. Recuerda la carta del 12 de marzo del 2011, con la que convocó la Congregación de Procuradores y en la que invitaba "a los jesuitas de hoy a adentrarse con profundidad en una reflexión sobre los signos de nueva vida y de creatividad apostólica que se dan en los ministerios que lleva a cabo la Compañía, tanto en los más tradicionales como en los más novedosos". El discurso analiza posteriormente las respuestas llegadas sobre este tema y que no resultan ser siempre animadoras.

    Concluye su relación el Padre General con un agradecimiento al Señor que, "con bondad y generosidad, ha dado tantos beneficios a la Compañía, por todo el bien que ha hecho a otras personas usándonos como instrumentos imperfectos, y por permitirnos continuar al servicio de la Iglesia de su Hijo Jesucristo".