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    "Los ataques contra el Papa Francisco se dirigen contra un modelo de Iglesia"
    (17-Oct-2018)

    Entrevista al Padre General en Cataluña

    Con ocasión de su visita a España, en su paso por Cataluña, el Padre Arturo Sosa concedió una larga entrevista al semanario de información y cultura religiosa Catalunya Cristiana

    Después de una breve presentación de la vida del Superior General, los periodistas Jaime Aymar y Rosa María Jané Chueca señalan la variedad de temas que el P. Sosa pudo discutir con ellos. Lo describen como un hombre sencillo y cercano a la gente, que tiene en cuenta tanto a los laicos como a los miembros de la orden religiosa en su visión del futuro de la Compañía de Jesús. Según él, en el corazón de los jesuitas está el deseo de transmitir un mensaje de reconciliación y la justicia.

    Gran parte de la discusión se concentró en la secularización, sobre la libertad y lo que ella misma pueda aportar en relación con la vida de los cristianos en la Iglesia. Igualmente, el Padre General retomó la expresión "la audacia de lo improbable y lo imposible", tema que inspiró la última Congregación General durante la cual fue elegido como cabeza de los jesuitas. Subrayó también el lugar central de la oración en su manera de vivir el servicio, así como la llamada que hace a la Compañía de centrar en ella todo el proceso de discernimiento de las preferencias apostólicas para los años venideros.

    Por otra parte, el título del artículo como se puede leer, retoma una breve parte de la entrevista en la que el Padre Sosa habla de la relación de los jesuitas con el Papa, especialmente con el Papa Francisco. "Los ataques al Papa se lanzan contra un modelo de Iglesia". El General afirma, en efecto, que hay una campaña organizada contra el Papa Francisco. Viene, según él, de grupos que ven a la Iglesia como una institución que posee y defiende dogmas y principios intocables. La visión de la Iglesia del Papa Francisco, heredada del Vaticano II, es la de una Iglesia en el corazón del mundo, portadora de una fe que debe responder a las condiciones cambiantes de la humanidad en movimiento. Ésta visión, éste “modelo de Iglesia” del Papa, no es una casualidad, se basa de hecho en su experiencia pastoral en las periferias de la sociedad latinoamericana. Frente a esto, afirma el Padre General, los jesuitas se identifican con éste modelo, apoyándose en el discernimiento de las situaciones, ya sean las de las personas o las del mundo. 

    Se puede leer la entrevista completa, en su versión original en español, haciendo clic aquí


    Hacia la mejor formación para las nuevas generaciones de jesuitas
    (17-Oct-2018)

    El P. Mark Ravizza, nuevo Consejero General

    El Padre Mark Ravizza, originario de la Provincia del Oeste de los Estados Unidos, se encuentra entre los recién llegados, este otoño, a la Curia General. Le invitamos a hablar de su experiencia, de sus responsabilidades, de sus esperanzas.

    1. Mark Ravizza, el Padre General le ha elegido para ser uno de sus Consejeros Generales. ¿Qué le trajo a la Curia General? ¿Cuáles son sus responsabilidades?

    Lo que me lleva a la Curia es la misión. Primero en el sentido de que aquí es donde la Compañía me ha enviado. Mirando hacia atrás, sospecho que dos de los factores principales pueden haber sido: primero, el trabajo que había estado haciendo para renovar la formación en la Conferencia de Canadá y de los Estados Unidos y, segundo, mi participación durante la Congregación General 36. Sean cuales sean las razones, esta misión me ha sorprendido mucho. Sin embargo, la gracia de ser llamados y enviados es fundamental para lo que somos jesuitas.

    El segundo motivo que la misión me trae a la Curia es que estoy aquí para apoyar nuestro proyecto compartido en la Compañía de Jesús. Como Consejero General, mi principal área de responsabilidad será la formación, pero realmente el corazón del trabajo es servir al Padre General, y ayudarlo, en todo lo que pueda, a implementar tanto su visión como la misión que surgió con renovado vigor de la CG 36. En el poco tiempo que he estado en la Curia, me ha consolado ver el espíritu de oración, discernimiento y colegialidad que el P. General quiere inculcar en su Consejo.

    2. Cuéntanos brevemente sobre el proyecto en el que ha estado involucrado durante los últimos años. ¿Cómo podría ayudarlo en su nueva tarea o misión?

    Antes de venir a Roma, tuve la oportunidad de ayudar a la Conferencia de Canadá y de los Estados Unidos a imaginar nuevas formas de renovar y revisar su formación, especialmente en los “Primeros Estudios”. El proyecto se inició como respuesta a la Carta del P. Nicolás sobre la Formación intelectual de escolares y hermanos. Sin embargo, se inspiró también en los provinciales de Canadá y de los Estados Unidos que, independientemente, habían sentido la necesidad de explorar si había formas de actualizar parte de nuestra formación.

    Tal vez pueda dar una idea del proyecto compartiendo algunas de sus principales aspiraciones. El objetivo es integrar más profundamente los estudios con la experiencia vivida y la actividad apostólica, vivir más cerca de los pobres, y desarrollar programas interdisciplinarios que den a los jóvenes jesuitas las habilidades que necesitan para dirigir más eficazmente las instituciones y servir mejor a la misión contemporánea de la Compañía, tal como se articula en nuestros documentos recientes. Existe, por supuesto, un compromiso inquebrantable para preservar el rigor filosófico y teológico de nuestros estudios, pero también la esperanza de integrar estos cursos más holísticamente en las dimensiones espirituales, apostólicas y comunitarias de la formación jesuita.

    En cuanto a cómo esta experiencia podría ayudarme en mi nueva tarea, probablemente sea demasiado pronto para decirlo. Sé que el proceso que seguimos me ha enseñado más que las conclusiones programáticas a las que llegamos (en Estados Unidos y Canadá). Este proceso comenzó estudiando muy seriamente la visión de la formación a la que nos llamaban el P. General y la tradición de la Compañía. Luego trajimos esa visión a la conversación con los talentos, la experiencia y la creatividad de nuestros formadores, los jesuitas en formación y las personas que sirven y con las que colaboran. Finalmente, y lo más importante, seguimos trayendo toda esta información a un proceso de oración, conversación espiritual y discernimiento comunitario para que pudiéramos escuchar verdaderamente cómo el Señor nos estaba llamando a responder y mejorar.

    3. ¿Qué les diría a aquellos que dicen que lo que podría ser apropiado (para los jesuitas en formación) en los Estados Unidos podría no ser relevante en el resto del mundo?

    En realidad, estoy de acuerdo con ellos. Nuestra formación siempre necesita adaptarse al contexto local; nunca es una propuesta única. Habiendo vivido en comunidades de formación en los Estados Unidos, El Salvador y Filipinas, he llegado a apreciar especialmente cuán profundamente la cultura influye en nuestra formación. Esto es bueno y apropiado. Por supuesto, hay muchos elementos comunes y universales en nuestra formación. Esto está bien expresado tanto en la rica tradición de documentos que tenemos desde las Constituciones, como en el modo de proceder de la Compañía que se construye en nuestro "ADN jesuita". Un sello de esta formación común es un “consuelo” que imagino que la mayoría de los jesuitas han experimentado: poder entrar en una comunidad jesuita en cualquier parte del mundo, y sentir una sensación de fraternidad compartida y misión común.

    Al mismo tiempo, la Compañía también tiene una rica historia de inculturación y adaptación. Para la imaginación ignaciana, Dios está siempre trabajando de manera concreta y local, y nuestra tarea no es imponer ideas preestablecidas sobre lo que la gracia debe hacer o parecer. Más bien, estamos llamados a acompañar a la gente y aprender cómo cooperar mejor con lo que el Espíritu está haciendo en una situación dada. En cierto sentido, este mismo tipo de discernimiento debe tener lugar cuando adaptamos los elementos universales de nuestra formación a diferentes contextos culturales. Por consiguiente, sería muy reacio a asumir que los elementos programáticos que se desarrollaron para los centros de estudio en los EE.UU. y Canadá podrían, o deberían, ser transferidos acríticamente a otras Conferencias.  En el mejor de los casos, creo que podríamos ser capaces de adaptar algunos de los procesos de escucha y discernimiento que se utilizaron, para determinar qué es lo más apropiado en un contexto particular.

    4. Concretamente, ¿cuáles son sus planes para los próximos meses?

    Una de mis primeras tareas es aprender algo de italiano, ya que es el idioma de la Curia. Un segundo objetivo es ponerse al día lo antes posible sobre cómo se hace el trabajo diario en la Curia. Casi todos los aspectos del trabajo, desde las consultas con el P. General hasta la gestión del enorme volumen de papeleo que fluye a través de la Curia, son nuevos para mí, así que esta será una curva de aprendizaje abrupta.

    Por último, pero quizás lo más importante, espero aprender todo lo que pueda sobre las realidades de la formación en todo el mundo, especialmente en las partes del mundo que aún no he visitado. Esto es especialmente importante porque nuestras vocaciones están creciendo más rápidamente en el sur global, y algunas de estas regiones son lugares con los que estoy menos familiarizado. Mi esperanza es encontrar tantas maneras como sea posible de visitar, escuchar y aprender de nuestros formadores, de los hombres en formación y de las personas con las que trabajan. Estoy deseando conocer todos nuestros programas de formación y discernir cómo puedo ayudar a promover la mejor formación posible para nuestra nueva generación de jesuitas.


    La secularización como "signo de los tiempos"
    (16-Oct-2018)

    Intervención del P. Arturo Sosa en el Sínodo

    El jueves 11 de octubre, el Padre General habló durante la sesión del Sínodo de los Obispos sobre la juventud, la fe y el discernimiento vocacional. Su presentación se centró en el tema de la secularización. El P. Sosa señaló en primer lugar que el documento de debate sólo hablaba brevemente sobre esta importante dimensión del mundo contemporáneo, y siempre de forma negativa. Propuso un necesario ejercicio de discernimiento, como parte de la confrontación entre nuestras formas de pensar y la realidad. Este ejercicio puede llevar a una comprensión de la secularización como un signo de los tiempos, un camino para que el Espíritu Santo guíe nuestra reflexión y acción hoy.

    Es necesario distinguir entre las diferentes formas de secularización, algunas de las cuales son obviamente dañinas para el universo de la fe. Por ejemplo, una lucha militante contra cualquier forma de expresión de la fe en la sociedad y diversas formas de indiferencia hacia lo que está relacionado con la fe.

    Sin embargo, percibir el proceso de secularización como un signo de los tiempos nos permite entrar en un proceso de liberación. Nos libera de un cristianismo "automático", fruto de una sociedad de cristiandad. En efecto, ser cristiano en una sociedad secular es más bien el resultado de una elección bien informada, de un discernimiento. La sociedad secular también nos libera de las concepciones de la religión relacionadas con la pertenencia tribal o nacional; fomenta una experiencia espiritual que nos acerca a nuestros hermanos y hermanas en la humanidad, sean quienes sean.

    Otras ventajas aparecen al final de un discernimiento sobre el "signo" que aporta la secularización. Por ejemplo, la importancia del anuncio de la fe, el acompañamiento pastoral a lo largo de la experiencia humana y cristiana, la prioridad que debe darse al testimonio. Finalmente, el contexto de la secularización anima la vida en las comunidades cristianas de apoyo mutuo, porque la fe no se vive aislada sino en comunidad, lo que garantiza el acompañamiento a lo largo del proceso de maduración en la fe.


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